EXIGENCIAS DEL GUIÓN (Por Màrius Serra)
Un grupo de guionistas de la televisión pública dimite en bloque apelando a la dignidad.
Hubo un tiempo en que algunas actrices lozanas pusieron en circulación la fórmula “por exigencias del guión” para justificar sus desnudos cinematográficos. Lamentablemente, desde entonces el poder de los guionistas no ha hecho sino disminuir. Las industrias culturales tienden a menospreciar el software ante el inexorable costo del hardware. Nadie escatima un real en las cuestiones técnicas que hacen posible un rodaje, un montaje o un acto público cualquiera, pero no se actúa del mismo modo ante quien lo traduce en etéreas palabras. En televisión y en cine, la única materia susceptible de rebajas es la materia gris. Si los premios Goya los patrocinase Anís del Mono, el último mono sería para el guionista. Estos días se suceden en la red las muestras de solidaridad de estrellas como Woody Allen hacia los guionistas norteamericanos, enzarzados en una huelga de guiones caídos cuyas imprevisibles consecuencias estéticas de momento benefician al espontenaísmo, ejem, de los Reality Shows. Como en todo conflicto sindical, el pulso pinta largo e incierto, pero lo cierto es que hay pulso. Desde aquí, tanto los guionistas sindicados al GAC catalán como al ALMA española intentan aprovechar el tirón de la noticia para sacar pecho, aun admitiendo en su incipiente destape que no van siliconados. Nuestros guionistas trabajan sin convenio y el único plazo de entrega que conocen es anteayer. Muchas veces no ven un contrato hasta que los despiden o firman cláusulas de las que han asegurado la supervivencia verbal del gran legislador Dracón.
En octubre del 2006 La 2 estrenó “Leonart”, un programa cuyo objetivo es acercar el mundo de la ciencia a los niños, con la colaboración del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Es un buen programa, con un buen equipo de doce guionistas. Un producto como los que se supone que deberíamos exigir a una televisión pública. Por lo visto, funcionó bien de audiencia mientras se emitió a las siete de la tarde y luego inició un errático éxodo por la parrilla que le ha llevado al mediodía. Nada nuevo baja la capa del (televi)sol. Pero hete aquí que el virus de las prejubilaciones que asuela TVE afectó al director y creador de “Leonart”, Miguel Mellado, y su último sucesor, José Juan Ruiz, hace pocas semanas decidió hacer notar sus jotas e introdujo cambios que implican más trabajo (pero no más retribución) para los guionistas. El relato no es muy original: tras un estira y afloja negociador, la editora que coordina los guiones decide asumir el trabajo extra y la dirección la premia acercándola al mileurismo mediante el ingenioso método de cambiar el sistema de cálculo de sus honorarios. Ante su lógica negativa, el intrépido director convoca a los once guionistas restantes y demuestra tener alma de guionista de serie negra: ofrece el puesto de editor al primero que asuma despedir a tres de sus compañeros y convoca en paralelo un cásting de guionistas alternativos, en plan Gröndholm. Los implicados reaccionan de un modo inusual en el sector. No se dividen ni sale ningún judas, sino que dimiten en bloque apelando a la dignidad profesional y difunden el caso para que ningún otro guionista acepte el trabajo.
Sus nombres son Anna Cammany, Sergi Escolano, Anna Fité, Armonía Gustems, Mose Hayward, Héctor Lozano, Albert Plans, Xavier Puchades, Belén Rubio, Roger Rubio, Abigail Schaaff y Anaïs Schaaff. Algunos aspirantes (Ivan, Martí...) ya se han negado a trabajar para “Leonart” al conocer el caso. El jueves Javier Pons, director de TVE, declaró que “es un tema que yo considero menor, operativo y del día a día”. Sus palabras son un buen guión para describir su propio cargo al frente de un ente público que debe mostrarse operativo ante quienes lo pagamos día tras día.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados